La mentira se puede soportar en la medida en la que nos mentimos a nosotros mismos.
Esta es la conclusión a la que llegué hace unos 11 años cuando un supuesto amigo me ofreció un trabajo lleno de mentiras que quise creer como verdades.
Esta historia comenzó sobre 2010.
Llevaba cerca de 5 años seguidos acumulando experiencias de éxito como diseñador. Las suficientes para lograr que la empresa familiar tuviese 2 años de trabajo asegurado.
Pero el éxito es algo que también se debe regular. Una carga de trabajo y de responsabilidad por encima del nivel sano de estabilidad personal no es sostenible y hubo que parar, reestructurar el trabajo y contratar a más personas para poder cumplir con todos compromisos.
La rentabilidad que obtuve en los 5 años anteriores no fue suficiente para sostener aquel aprendizaje y para cumplir a tiempo con todo tuve que buscar ayuda financiera y trabajo.
Esto lo puedes llevar a otras formas de éxito.
Puedes sentirte muy feliz con tu pareja, o con tus hijos. Tan feliz que sientas energía como para comprometerte con retos que superen tu propio equilibrio hasta que un día, tu balanza interior, te avise de la cantidad de peso que has acumulado en uno de los extremos.
Lo mejor, cuando todo va bien, es medir tu propio equilibrio con el mismo interés que lo buscas cuando algo no va tan bien.
Si no lo haces, si no mantienes ni cuidas tu equilibrio interior cuando sientes que navegas en el éxito y un exceso de confianza o de apertura te anima a surcar olas muy grandes, un día puedes verte de repente sentado en la orilla sin llegar a entender cómo tu barco se ha convertido en astillas. Las mismas astillas en las que se ha convertido tu confianza en ti y en tu propio rumbo.
Esa orilla es el terreno ideal para que aparezcan los “salvadores”
Esto es lo que ocurrió en mi orilla:
Un cliente al que llevaba tiempo diseñando sus clínicas, apareció abanderado como “amigo” ofreciéndome un puesto de trabajo por 6 horas y 1000€ al mes en su empresa.
Según me contó, él no necesitaba ningún trabajador, pero confiaba en mí y quería ayudarme.
Yo necesitaba dinero. Necesitaba al menos un trabajo por 2 años que me permitiera pagar lo que el banco me había dejado para cumplir con todos los clientes.
Yo dudaba de mí. Mucho. Y mi corazón se encogió ante aquel señor, su propuesta de amistad y su ofrecimiento de trabajo, pero mi mente y mi entorno se unieron para convencerme de que era una buena oportunidad, 1000€ por 6 horas.
Podría seguir teniendo algo tiempo para reestructurar mi propio proyecto personal mientras pagaba la deuda. Además, este supuesto “amigo” conocía muchas herramientas financieras para enseñarme a cumplir con mis compromisos de forma más holgada.
Dije que sí cuando mi corazón me gritaba que no. Y el corazón nunca se equivoca. Pero preferí no escucharlo.
Al cabo de dos meses, trabajaba, por esos 1000€, unas 14 horas diarias. Incluso al mediodía ayudaba a la familia de aquel “amigo” con temas personales.
Se suponía que no necesitaba a nadie y que me hacía el favor de darme trabajo.
Aquel concepto de favor se convirtió en una deuda emocional llena de intereses que explotó hasta convertirse para mí en uno de los estafadores más despreciables que he conocido.
Sus mejores herramientas no eran financieras. Sus armas son emocionales.
Por suerte, una mañana, sin aviso, mientras conducía de camino al trabajo, mi cuerpo se agarrotó hasta el límite de tener que parar y esperar a que una ambulancia viniera y me sacara del coche.
Tumbado ya en mi casa, en la cama, en silencio, con la deuda pagada del banco, con mis clientes satisfechos y mi sistema nervioso extenuado, entendí que había llegado a aquel extremo por haber dado más peso a la deuda emocional con aquel estafador que a la deuda que me estaba reclamando mi propia verdad.
Aguanté sus mentiras el mismo tiempo que mantuve la mía. Ni más ni menos tiempo. El mismo.
Aquel día, en mi cama, me di cuenta que la deuda que más me estaba pesando era la que me exigía mi corazón. Y me levanté. Y me comprometí a saldarla
Me costó salir de aquella empresa otros 6 meses. Entre juegos contractuales para poder asegurar mis derechos, aprendí a sostener con serenidad las ofensas que sólo una persona mediocre e insegura es capaz de proyectar sobre alguien que se ha comprometido, de verdad, con su verdad.
El día que salí por última vez como trabajador por la puerta de aquella empresa, me fui a pasear, me senté en una piedra para respirar e integrar y grabar mi nueva libertad. De esa libertad, nacieron hace 11 años los primeros textos del curso de Origen.
Cuando aquel hombre me ofreció un puesto de trabajo me contó 5 mentiras:
No necesitaba a nadie
Quería ayudarme
1000€ por 6 horas
Era mi amigo
Le necesitaba
Voy a contarte 5 verdades esenciales
El mayor beneficio del curso no es decorativo ni energético. Es espiritual.
Aprenderás de energía vital. Conocerás el tipo de vibración de tu casa y tu tipo de vibración. Aprenderás ejercicios para mejorar tu calma mental y tu equilibrio emocional. Incluso pautas para limpiar todo el esfuerzo grabado en tu interior y poder vivir con más ligereza y autenticidad, pero todo ello es un camino que te llevará al origen de tu mayor verdad. Tu esencia espiritual.
El curso lo puedes empezar, acabar y volver a ver cuando quieras. No caduca el acceso.
La sesión privada conmigo incluye la revisión del plano de tu casa y atender tus dudas. Pero lo fundamental de la sesión es la revisión de tu mundo interior y ayudarte a despejar el camino para que tu esencia aflore con seguridad y puedas vivir desde ella.
Nunca bajará de precio ni haré descuentos más allá del que tienes por estar en este grupo de correo. El curso es un elemento vivo. Leo con mucha atención las dudas y sugerencias que recibo e iré mejorando y ampliando el contenido. Es muy probable que dentro de un tiempo, si el valor del contenido aumenta mucho, el precio del curso también lo haga. Bajar de precio no. Tampoco en Black Friday ni cosas de esas. No creo en ello. Me parece una falta de respeto a quien lo compró anteriormente. El precio que veas siempre será el mejor.
No es ninguna salvación. Ojalá no estés en ninguna orilla de la vida rodeada/o de astillas. Pero si lo estás, Origen sólo puede servirte para desempañar tu brújula interior y desde ella reconstruir tu barco y tu rumbo. Si esto es mucho o es poco, lo podrás valorar tú. Lo que te puedo garantizar es que una vez navegas por la vida desde tu esencia y desde tu corazón, ya no te dejas llevar por los extremos. Pero tendrás que remar y aprender a identificar las señales que te indican lo que te aporta vida y las que te alejan de lo que te debilita. Si esto es mucho o es poco para ti, no lo sé…