Hola!
Deseo que estés muy bien y tengas muy buen día.
Quería compartir contigo una forma rápida para percibir si tu vida está en orden y he pensado que este post podría ser una buena manera de hacerlo.
Espero no quitarte mucho tiempo y sobre todo, que al final del texto sientas que algo ha mejorado en ti. Será, para mí, un regalo saberlo.
Sobre todo si estás entre las personas que se identifican con el siguiente escenario:
Te despiertas por la mañana, con despertador o sin él, y antes de abrir los ojos ya sientes la opresión de algunos de los roles que tendrás que ejercer durante el día: como madre o padre, como hija/o, como pareja, como empleada/o, como jefa/e, como amiga/o…
Con suerte, quizás tienes identificado con claridad el rol o los roles que más te oprimen y estés tratando de gestionar la dificultad temporal que te están ocasionando.
Pero en un porcentaje muy alto, las diferentes máscaras tras las que nos cubrimos a lo largo del día pueden llegar a diluir la presencia del actor principal, nuestra esencia, generando una sensación de desorden interior que reflejamos a nuestro alrededor de múltiples formas, en función de lo cerca o lejos que esté de nuestro corazón el rol que más nos oprime.
Por ello, por ejemplo, el desorden en nuestra vida que refleja el peso emocional es más fácil de gestionar que el que se proyecta desde un nivel sentimental o espiritual.
Este es el motivo por el que tantas y tantas personas buscan solución al orden en sus casas pero no logran mantenerlo ya que el orden de sus hogares es un reflejo de sus prioridades de vida y mientras no atiendan sus necesidades esenciales no podrán lograr el orden duradero a su alrededor.
Quería darte una sencilla pauta:
Cada vez que observes una zona de desorden que te incomoda en casa, no la rechaces, no la etiquetes como negativa. Contiene un mensaje profundo si la tratas con cariño. Ilumina la zona y observa qué provoca en tu interior. Es una señal para tu esencia, para volver a ella.
Lo mismo por las mañanas, no rechaces la opresión de los roles, acepta la presión. Es una señal de camino a casa si logras entender que el peso que sientes es igual al amor que necesitas.