Hola!
Gracias por dedicar tiempo a leer este post.
Mientras escribo, me estoy dando cuenta de que el estrés menos bonito que siento estos días es precisamente por no generar en ti las sensaciones que yo mismo no deseo recibir.
Recuerdo el primer día que atendí a un cliente.
Fue en mi estudio, recuerdo cuando entró por la puerta y yo no sabía cómo actuar.
Mi timidez y mi inexperiencia de cara al público ejercían tanta presión que me supuso un esfuerzo grande decir simplemente: -Hola, ¿en qué te puedo ayudar?
Y sin darme cuenta había pronunciado las palabras mágicas. No pretendía venderle nada, mi intención real era ayudarle.
El chico quería cambiar los armarios de toda la casa y conectamos tan bien que la información fluyó entre los dos con facilidad. Tras más de 15 años de aquel día, tras haberle acompañado en varios procesos de su vida y atender a varios de sus familiares y amigos en todo este tiempo, generamos una buena amistad.
Así fue con él y continua siendo a día de hoy con las personas que contactan conmigo, ya sea para un curso, una mentoría, un estudio vital o un proyecto de diseño, mi actitud sigue siendo la misma: poder ayudar.
Y me nace la idea de compartir hoy un fragmento de la introducción de mi libro en el que comparto el caso de Javier: Un chico que cambió su vida profesional gracias a identificar el origen de un desorden en su hogar que le generaba una gran incomodidad.
Me alegrará saber si te gusta:
……………
LA DIFERENCIA ENTRE EL ORDEN CÓMODO Y EL INCÓMODO
La diferencia entre un desorden cómodo o un desorden incómodo es el sentido que tiene en nuestro corazón
Cada vez que doy instrucciones a una persona para que grabe y me envíe el vídeo del interior de su vivienda para estudiar su energía vital y realizar su diagnóstico de vida, recalco la importancia de que muestre en el video las zonas de desorden ya que me ayudarán a interpretar y percibir mejor las áreas de su vida que requieren más atención.
EL ORDEN DE JAVIER
Un hombre que acababa de separarse y deseaba lograr en su hogar un ambiente sereno y profundo.
Su separación habla sido compleja, pero había conseguido lo que más deseaba: la custodia compartida de su hijo.
Cuando recibí su video lo sentí tan cercano que tuve la sensación de estar recorriendo con él su casa y su vida.
Recuerdo que era una vivienda sencilla y todo lo tenía bastante ordenado y bien distribuido, hasta que llegó a una habitación en la que, al abrirla, mostró dos tipos de reacciones diferentes:
La primera fue –con una amplia sonrisa,- disculpa por este desorden, mi hijo ha estado conmigo esta tarde y aún no he podido recoger sus juguetes.
Y continuó, justo detrás y con voz apagada… y disculpa por este otro desorden. Nunca veo el momento de poner orden a este montón de documentos con mis tareas profesionales.
El video continuó con normalidad por el resto de la casa y acabó con una frase que dejaba claro su mayor deseo:
Necesito que mi vivienda me de la fuerza y el orden que necesito para poder darle lo mejor de mí a mi hijo.
Quizás, tras este relato puedas intuir que hubo un desorden que no vi necesario tratar, es más, era un desorden que le daba vida: el de los juguetes de su hijo.
En cambio, al tratar el desorden de su profesión descubrimos su mayor fortaleza.
¿Sabes por qué?
Porque pudimos ver, no sólo que la zona donde estaba ubicado el desorden estaba relacionada con su vitalidad como padre sino que además mostraba una clara tendencia a sobrevivir, especialmente tras la separación.
Por no extenderme en exceso ni con detalles que quizás aporten un gran valor, lo resumiré contándote que:
Javier pudo comprender que el desorden que acumulaba era un reflejo exacto de la realidad que vivía en su interior ya que llevaba tiempo sintiendo que dejaba su sensibilidad bajo multitud de tareas superficiales.
Esas tareas superficiales le permitían pagar las facturas, pero no le permitían disfrutar de su profesión con plenitud.
Al revisar el contenido del desorden, encontró, entre los documentos acumulados, unas notas de ideas que en ocasiones le surgían en momentos de inspiración pero que siempre dejaba de lado o debajo de muchos otros compromisos.
El peso emocional que sentía cada vez que miraba el montón de documentos no era por el volumen en sí, era un reflejo del peso que soportaban aquellas notas entre tantos documentos de obligaciones.
Conforme Javier decidió dar a aquellas notas un lugar visible y se comprometió a caminar internamente hacia esas ideas, no sólo comenzó a descender el volumen de lo que acumulaba, sino que su vida profesional dio un giro hacia su sensibilidad que iluminó su vida y también la de su hijo.
La manifestación de su nuevo orden fue el resultado del orden que él priorizó y manifiesto primero en su interior.