Mantener el equilibrio emocional en un mundo con tanta estimulación es un reto complejo, más aún si eres una persona sensible o muy sensible.
Cuando este equilibrio se altera y las emociones se descentran, es muy común recurrir a atajos externos para volver al equilibrio. Pero si algo externo a ti te descentró, algo externo a ti no te aportará un gran valor.
Hay cosas que ayudan como acomodarte en un lugar tranquilo, escuchar música serena o prepararte un baño, pero si quieres recuperar el poder de tu centro, eso solo puede ocurrir desde tu interior.
Quizás estos 2 mensajes de una conversación con una alumna te inspiren. (Los copio con su permiso)
Primer mensaje:
«Hola Andrés,
Te escribo para solicitar la sesión presencial del curso. Ya acabé todos los módulos, los he revisado dos veces. Es como una de esas pelis que a más veces la ves mejor íntegras.
He calculado mi energía personal y si no me confundo vibro en la frecuencia de “cuidadora” mi número es el 2. Mi casa tiene la puerta orientada al Sur que motiva mi autoestima. Mi baño está en el centro de la casa. Te envío mi plano de la casa. Quedo a la espera de la fecha de la sesión.
Abrazo grande.»
Segundo mensaje 3 semanas después de la sesión:
«Andrés,
Gracias y mil gracias por haberme enviado la grabación de la sesión.
Me aporta una gran luz verme a mí misma contándote lo que yo me cuento a mí misma cuando nadie me escucha. Me escuchaste, me entendiste y llenaste de luz mi casa y mi vida.
Nunca imaginé que tener el baño en el centro de mi casa tuviese tanto que ver con mi tendencia a dejar mi equilibrio para dárselo a los demás. Tampoco imaginé que la rutina de encender más la luz del baño después de usarlo me fuera ayudar a ver con tanta nitidez mis puntos débiles para poder cuidarlos.
No sé cómo, no sé por qué pero desde hace unos días cada vez que observo mi inercia a cuidar a alguien, me detengo antes unos instantes, imagino que enciendo una luz dentro de mi y con esa mejor claridad que siento les atiendo. No encuentro palabras pero he aprendido a atenderme a mí mientras atiendo y cuido a los demás. Ahora les cuido con más equilibrio y todo es mejor para todos. También para mí.
Estoy descubriendo una mejor forma de relacionarme con lo que no me gustaba de mí y me siento más fuerte y más serena gracias a la paz que percibo en mi interior.»
Gracias gracias y más gracias
Sólo cuando la fuerza viene desde dentro podemos sostener aquello que nos pesa desde fuera.